El Mosaico de lo que fuimos

©2015 | Néstor Jorge Giuliodoro Molinaro

Siempre me abandono para que el tiempo fluya gota a gota cuando me quedo observando mosaicos o frescos en yacimientos o museos. Y no es sólo por el valor artístico, que en algunos casos es inagotable, ni por el placer de encontrar la mejor composición para fotografiarlos, sino por su importancia como testigos de tiempos lejanos. Mosaicos y frescos que relucieron con el esplendor del ascenso de tantas civilizaciones y se cubrieron con el fango y la sangre, como es inevitable, durante sus respectivas caídas.

Obras de arte milenarias que se nos aparecen como fragmentos del retrato incompleto de un pasado perdido, pero que nos resultan imprescindibles para reconstruir el resto.

zeugma

Cada vez que miro este magnífico mosaico milenario de Zeugma (Turquía) pienso que algo similar nos ocurre con nuestros padres, cuando nos faltan, ya que nos apañamos con un puñado de frases o anécdotas, más cercanas o remotas, para bocetar ese retrato incompleto con el que nos hacemos una idea de cómo eran y lo que significaron para nosotros. Una obra de arte exquisita que se nutre de momentos compartidos, aunque algunos de ellos parezcan triviales, pero que resisten el paso del tiempo para quedar grabados en nuestra memoria.

Sabiendo que nuestra influencia es tan importante para nuestros hijos, ¿existen evidencias que demuestren cuál es la mejor manera para relacionarnos con ellos? ¿Cuál es la que tiene efectos más beneficiosos y duraderos en el tipo de personas que desarrollarán y llegarán a ser?

A finales de los años ochenta, en la Universidad de Chicago, Kevin Rathunde observó que los adolescentes que tenían ciertos tipos de relación con sus padres eran significativamente más felices, estaban más satisfechos y se sentían más seguros en las situaciones cambiantes de la vida que sus compañeros que no tenían esa relación. En estos casos, los contextos familiares tenían estas características:

  • Claridad de metas y concentración en el presente: los niños sienten que saben lo que sus padres esperan de ellos ya que las metas y la retroalimentación familiar son claras y no son ambiguas. Además, perciben que sus padres están interesados en lo que hacen en el presente, en sus sentimientos y experiencias concretas, en lugar de preocuparse de si irán a una buena universidad o si lograrán algún empleo bien remunerado en el futuro.
  • Elección: los niños sienten que tienen una variedad de posibilidades para escoger, incluyendo la de quebrar las reglas paternales, mientras estén dispuestos a enfrentarse a las consecuencias.
  • Compromiso: los padres fomentan la motivación intrínseca de los niños, alentándoles a desarrollar una confianza equilibrada que les permita sentirse lo suficientemente cómodos para implicarse en aquellas cosas o actividades en las que se interesen.
  • Desafío: es el resultado de la dedicación de los padres que ofrecen a sus hijos oportunidades cada vez más complejas para la acción.

 

La presencia de estas cuatro condiciones genera un ambiente que ofrece una formación ideal para disfrutar de la vida ya que en este entorno los niños no malgastan su energía psíquica porque saben lo que pueden hacer y lo que no, no tienen que estar discutiendo constantemente sobre cuáles son las reglas y los controles, no están preocupados por las expectativas de sus padres acerca de su futuro éxito siempre pendiendo sobre sus cabezas y son libres para desarrollar sus intereses en actividades que expandirán sus personalidades. Por el contrario, en hogares no tan bien organizados o caóticos, los niños pierden gran parte de su energía psíquica en constantes discusiones y negociaciones y en los intentos para proteger sus frágiles personalidades para no sentirse abrumados por las metas de otras personas.

Como padres, debemos ser conscientes de que una gran parte de todo cuanto compartimos con nuestros hijos puede convertirse en alguna de las teselas o las pinceladas con las que confeccionarán el mosaico o el fresco del que fuimos mientras excavan en el yacimiento de sus memorias. Un retrato que será más valioso si somos capaces de emplear todos los momentos que pasamos juntos como una oportunidad para fluir y disfrutar de la vida con pasión, comunicándonos sinceramente, con la certeza que nuestros hijos pueden ayudarnos a convertirnos en una versión mejor y más auténtica de nosotros mismos.

Lectura recomendada: Rathunde, K: Optimal experience and the family context. En Csikszentmihalyi, M. y Csikszentmihalyi, I.S. (editores): Optimal Experience: Psychological Studies of flow in consciousness (pp. 342-363). New York, Cambridge University Press. 1988.

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Autor: dipahdesign

CEO de Dipah Diseño + Comunicación

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