El Mosaico de nuestras Vidas

©2014. Néstor Jorge Giuliodoro Molinaro

Componemos el mosaico de nuestras vidas colocando cada tesela con la intención de darle un sentido.

tarraco medusa
Mosaico de la Medusa | Museo Arqueológico de Tarragona

En el libro que estoy escribiendo desde el año pasado, la sección del Latido de las Piedras es la excusa a la que recurre mi mente, con cierta frecuencia, para no relatar en línea recta -relacionando acontecimientos específicos del presente con otros que sucedieron en el pasado- y así no caer en el infortunio de decir o escribir las mismas cosas como un mantra que se repite una y otra vez con la necesidad de comprender lo que haya sucedido.

¿Cómo explica cualquiera de nosotros por qué está donde está? ¿Es rigurosa la explicación? ¿Tiene sentido? ¿Qué mapas consultamos para desandar nuestros pasos: el de las improntas genéticas o el del universo de las emociones? ¿Son excluyentes?  ¿Cómo y para qué debemos reconstruir nuestra ruta? ¿A quién le interesa?

Por el contrario, y sin otorgar la menor importancia a la línea del tiempo, prefiero que estas historias se hilvanen, punto a punto, a partir del secreto que encierra una piedra, la calma profunda que regalan algunos lugares ni bien llegas, el retazo de sabiduría que se esconde en un texto, los contrapuntos que te embrujan con su melodía, la voluptuosidad que desata un aroma hasta fijarlo en tu corazón o  la explosión de las formas y colores que late en una escultura o una pintura. En definitiva, el magnífico recurso de la emoción que te muestra el sendero hacia la admiración, un lujo que no podemos comprar ni pedir y que sólo se otorga para enriquecernos infinitamente.

Nuestra vida es una obra de arte, siempre en desarrollo y potencialmente modificable. No podemos limitarnos a observarla con el ojo tiránico de la cámara que busca congelar el momento y conservarlo como un ejemplo de algo. Siempre me da pena escuchar a aquellos que, con un dejo de soberbia, citan a la pureza y al dogmatismo como virtudes. La Biología nos da suficientes ejemplos, adaptados a todos los públicos, para comprender que nada que tenga vida es puro ya que serlo implica ser impermeable a la mezcla y al cambio. Y estas cualidades, la mezcla y el cambio, son los mejores aliados de nuestro destino y nuestra única esperanza como seres vivos. Como muestra del cambio, contenidos en la misma envoltura, están todos los cuerpos que tuvimos y tenemos en nuestra vida ya que ninguno de ellos se pierde, reviviendo los fotogramas de sus historias con un ritmo cambiante, a veces con insistencia y otras veces aletargados durante largos periodos, aunque no dormidos.

No hay un único modo correcto de hacerlo todo, por lo que es bueno renunciar a términos como pecado y castigo. La culpa es un lugar incómodo para instalarnos y repetirnos sin descanso “esto sucedió debido a aquello, podría haberse evitado”. En un mundo donde el sufrimiento es la norma, poco importa que dramaticemos nuestro propio padecer. Es más pragmático reparar los errores y recuperar fuerzas para seguir andando.

Tampoco es bueno atarnos a una recompensa eterna para soportar la felicidad barata del presente en espera del oro por venir. Fluir con las emociones y engrandecer todo aquello en lo que nos reflejamos es una receta sensata para sentir nuestra vida resplandeciente y completa. Dos buenas razones por las que merece la pena vivir.

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Autor: dipahdesign

CEO de Dipah Diseño + Comunicación

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