Polémicas tontas sobre los Reyes Magos

©2016 | Néstor Jorge Giuliodoro Molinaro

Sigue siendo verdad que “es desdicha de la ignorancia, la intolerancia” y en este barullo parece que estamos ahora en nuestros minirreinados hispanos cuando las Cabalgatas de los Reyes Magos han sido las más polémicas en los últimos tiempos. Y para más inri, las redes sociales con sus tradicionales memes, videos, gifs, mensajes ingeniosos, contribuciones irónicas y un sinfín de posteos tan intolerantes como agresivos, lograron que algunas de estas trifulcas –con variadas interpretaciones del mito- se convirtieran en trending topic. Hubiera sido más sensato leer sobre el mito, la leyenda o la tradición –como os guste más- de Los Reyes Magos antes de echar tanto espumarajo por el teclado pero, lamentablemente, nos tira más el impulso de escribir aunque desconozcamos lo que afirmamos de forma tan vehemente. Por ello, es interesante revisar algunos aspectos interesantes sobre esta leyenda.

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Hieronymus van Aeken Bosch, El Bosco | La Adoración de los Magos (circa 1510), óleo sobre tabla. 

 

La leyenda de los Magos ya circulaba en el mundo precristiano y el origen del viaje se establecía en las observaciones astronómicas que habían hecho en el monte Vaus (monte de la Victoria), que habitualmente se identifica con el monte Sabalán, la cima más alta del Imperio Armenio, lo que actualmente se corresponde con Azerbaián. Con respecto a su procedencia, las fuentes precristianas hablan de Persia, Caldea y Nubia, y según esta tradición, sacerdotes y astrólogos zoroástricos subieron a la cima de esta montaña para comprobar la aparición de una estrella que, según las profecías, se vinculaba con la venida de una divinidad sobre la tierra. Con respecto a si eran magos o reyes, “mago” proviene de la palabra griega magos-magoi que empleaba Heródoto para referirse a personas sabias o a los sacerdotes del zoroastrismo persa.

El Evangelio según Mateo –escrito hacia finales del siglo I y por consiguiente, sin posibilidad de hablar de una experiencia directa del nacimiento de Jesús- es la única fuente cristiana canónica que describe el episodio de los Magos, aludiendo a un viaje desde Oriente, siguiendo a una estrella, con la posterior ofrenda de oro, mirra e incienso. El autor de este Evangelio no aclara si eran reyes ni tampoco su número, sólo afirma que se negaron a informarle a Herodes el lugar donde había nacido el niño, habitualmente se deduce que eran tres por los tres dones que ofrecieron al niño (oro, mirra e incienso) y para sugerir la universalidad de la redención, se ha mantenido casi constante en la tradición que probablemente eran de distintos orígenes: blanco, árabe y negro.

Con respecto a su realeza, la misma se afirma en la tradición litúrgica al vincular la fiesta de la Epifanía con la profecía del Salmo 72: “Los monarcas de Tarsis y las islas le pagarán tributo y los reyes de Saba y de Seba le traerán presentes. Ante él se postrarán todos los reyes, serviranle las naciones”. La cantidad de Reyes Magos se toma con mayor liberalidad en las distintas tradiciones, con un número mínimo de dos hasta un máximo de doce reyes magos denominados Hormidz, Jazdegard, Hor, Peroz, Basander, Melco, Karundas, Caspare, Fadizzarda, Melichior, Bithisarea y Gataspha. Finalmente, en la tradición occidental se impusieron Melchor, Gaspar y Baltasar; en la iglesia católica etíope se impusieron Hor, Kardusan y Basanaer; y para los cristianos sirios, los reyes eran Larvand, Gushnasaph y Hormisdas.

La leyenda de la tumba de los Reyes Magos es también interesante y comienza con su sepultura en la ciudad de Saba (Persia) que se refleja en el año 1298, cuando Marco Polo relata que ha visitado esta tumba original en los escritos de sus viajes. Posteriormente, se trasladan sus restos a Tierra Santa durante la peregrinación realizada por Santa Elena y la tradición nos cuenta que en el siglo IV, el obispo Eustorgio ordena que se lleven los restos de los Magos desde la basílica de Santa Sofía en Constantinopla hasta la basílica de San Eustorgio porque desea ser enterrado junto a ellos. En el año 1162, cuando Federico Barbarroja conquista y destruye Milán, refiere que encuentra un sarcófago en la basílica de San Eustorgio que habría contenido los restos de los tres Magos. Una vez establecidos en Milán, la ciudad se transforma en meta de un peregrinaje constante hasta que Reinaldo de Dassel, ministro de Federico I, ordena trasladar los restos a la catedral de Colonia, donde actualmente se encuentra “el Arca de los Magos”. La lucha entre milaneses y alemanes finalizó en el año 1904 cuando el arzobispo de Colonia donó al arzobispo de Milán algunos restos óseos de los Magos (una vértebra, una tibia y dos fíbulas) para que los restituyera en la basílica de San Eustorgio. En algunos de los lugares involucrados entre las idas y venidas de los restos de Italia a Alemania, proliferaron las “tumbas de los Magos” que aseguran contener algunos de sus restos. Como nos recuerda Umberto Ecco en su maravilloso libro Historia de las Tierras y los Lugares Legendarios: “peregrinos en vida, los tres reyes se convirtieron en vagabundos post mortem, generando múltiples cenotafios”.

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Autor: dipahdesign

CEO de Dipah Diseño + Comunicación

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